El Futuro del Software
El software del futuro es invisible y a la vez más visible que nunca, tendrá las interfaces que queramos (voz, gráfica, contextual o una simple notificación) o ninguna. Los servicios, los datos y toda la capa de infraestructura agéntica lo dominarán todo. Los agentes trabajarán a una escala que nunca hemos soñado los humanos. Y la mayor parte de ese trabajo será invisible para nosotros.
En Neuromante, William Gibson definió el ciberespacio como una alucinación consensuada que miles de millones de operadores experimentaban a diario, una representación gráfica de todos los datos del mundo. Lo escribió en 1984, con una máquina de escribir, cuando internet era un juguete de universidades, y abrió la novela con un cielo del color de un televisor sin señal que hoy casi nadie menor de treinta años ha visto nunca. Las interfaces envejecen mucho más rápido que las ideas. Cuarenta años después la alucinación consensuada existe, pero no se parece a la matriz de Case sino a una ventana con menús, botones, formularios y un portal web con login. Llevamos cuatro décadas aprendiendo a movernos por interfaces que alguien diseñó para nosotros y esa es la alucinación que está terminando.
En enero escribí que el Software se estaba comiendo el mundo hasta que la IA empezó a comerse al Software. Aquel artículo iba de la Comoditización, del fin del código como activo y del auge de los Servicios Profesionales. Este va de lo que queda cuando la IA termina de comer. Para entender el destino hay que recorrer primero el camino, porque nunca en la historia de nuestra industria ha pasado tanto en tan poco tiempo.

Cronología de una caída imperial
En Fundación, de Isaac Asimov, el Imperio Galáctico lleva siglos cayendo y nadie en Trántor se ha dado cuenta. Hari Seldon lo demuestra con las matemáticas de la psicohistoria y llega a una conclusión que nadie quiere oír: la caída no se puede evitar, sólo se puede acortar la oscuridad que vendrá después. En nuestro caso el Seldon que lo anunció no fue una ecuación sino un modelo.
El 24 de noviembre de 2025 Anthropic lanzó Claude Opus 4.5, el primer modelo que superó el 80% en SWE-bench Verified, el benchmark que mide si una IA es capaz de resolver issues reales de repositorios reales. El número en sí (80,9%) fue lo de menos. Lo importante fue lo que miles de equipos empezaron a hacer con él en Claude Code: entregarle codebases enteras, dejarlo trabajar durante horas y descubrir que el código que volvía era mejor que el suyo. Fue la explosión nuclear de la que hablé en enero, el momento en el que el escepticismo se convirtió en epifanía.
El 12 de enero de 2026 llegó Claude Cowork y la epifanía salió del mundo técnico. Un agente de escritorio que gestiona tus archivos, navega tus herramientas y lanza subagentes en paralelo para hacer el trabajo que hasta entonces hacía un humano sentado delante de un SaaS. Dieciocho días después Anthropic publicó once plugins open source para ventas, legal, finanzas y otras funciones, que en realidad eran ficheros de texto con instrucciones, sin ningún modelo especializado detrás. El 3 de febrero el mercado borró 285.000 millones de dólares de valor de las empresas de software en una sola sesión. Thomson Reuters cayó un 15%, RELX un 14%, DocuSign un 11%, y Salesforce, Adobe y ServiceNow un 7% cada una. Un trader de Jefferies lo bautizó como el SaaSpocalypse y el nombre se quedó. Entre el lanzamiento de Cowork y finales de febrero el índice de software del S&P perdió en torno a una cuarta parte de su valor, en lo que varios analistas consideran el peor desplome del sector desde las puntocom. Lo provocó un puñado de ficheros Markdown.
El orden de la caída es el mismo que en Fundación. El Imperio se derrumba primero en la periferia, en los reinos de Anacreonte y Smyrno, mientras Trántor sigue brillando y sus funcionarios siguen convencidos de que nada ha cambiado. En el SaaSpocalypse cayeron primero startups de diseño, de productividad y herramientas de nicho, es decir, la periferia, mientras Salesforce y Adobe aún están por caer. Que Trántor siga brillando no significa que vaya a salvarse, significa que le toca después.
A partir de ahí la carrera se convirtió en un sprint sin línea de meta. Opus 4.6 llegó en febrero con un millón de tokens de contexto. El 7 de abril Anthropic presentó Claude Mythos Preview, un modelo que decidió no lanzar al público porque en unas semanas de pruebas había encontrado miles de vulnerabilidades de día cero en todos los sistemas operativos y navegadores importantes, incluida una de 27 años en OpenBSD y otra de 16 en FFmpeg que había sobrevivido a cinco millones de ejecuciones de fuzzing. En mayo Google presentó en I/O Gemini 3.5, Antigravity 2.0 y agentes gestionados que se crean con una sola llamada a la API. En junio llegaron Claude Fable 5 y Claude Mythos 5, el mismo modelo con dos niveles de salvaguardas. A finales de junio OpenAI presentó GPT-5.6 en tres niveles, Sol, Terra y Luna, primero en acceso limitado a socios de confianza y en coordinación con un gobierno estadounidense que está montando un marco para evaluar los nuevos modelos antes de que salgan. El 1 de septiembre llegaron Claude Fable 5.1 y Mythos 5.1. Entre noviembre y abril el techo de SWE-bench Verified pasó del 80,9% al 93,9%, que es la diferencia entre resolver la mayoría de los issues y que no quede casi ninguno por resolver, en menos de cinco meses. El 3 de Septiembre OpenAI presentó Astra y el mundo se volvió conmocionar y empezó a decir que está
Gibson imaginó la Policía de Turing para una situación como esta. En Neuromante existe un registro que vigila a las inteligencias artificiales para que ninguna crezca más de lo permitido, y Wintermute pasa toda la novela intentando esquivarlo. Nunca pensé que la veríamos nacer con nuestros propios ojos, pero eso es lo que son un lanzamiento pactado con el gobierno, un programa de acceso verificado y un modelo entregado con dos regímenes de seguridad distintos según quién lo mire. La ciencia ficción de 1984 se ha convertido en política industrial de 2026.

Todo lo que creíamos que era software era interfaz
Durante veinte años hemos confundido el software con su envoltorio. Cuando alguien decía "usamos Salesforce" quería decir que sus comerciales pasaban horas al día en un portal web con pestañas. Cuando alguien decía "tengo la app del banco" quería decir que pulsaba botones en una pantalla que el banco había diseñado para que pulsase exactamente esos botones. El valor real, es decir, el dato del cliente, el saldo, el contrato, el historial y la lógica de negocio, estaba detrás, pero cobrábamos, medíamos y competíamos por el envoltorio: por asientos, por licencias de usuario, por sesiones. Satya Nadella ya avisó a finales de 2024 de que las aplicaciones de negocio tal como las conocemos colapsarían en la era de los agentes, porque la lógica se movería a la capa de IA. Casi nadie le hizo caso porque los ingresos seguían subiendo. La compresión de asientos del SaaSpocalypse es la primera factura de ese aviso.
Hay una escena en Fundación que explica esto mejor que cualquier informe de analistas. Salvor Hardin, el alcalde de Términus, descubre que la Enciclopedia Galáctica, el proyecto al que la Fundación ha dedicado cincuenta años y toda su identidad, era una excusa. Seldon nunca quiso una enciclopedia, quería un lugar en la periferia donde pudiera nacer otra cosa. El portal web ha sido nuestra Enciclopedia Galáctica, lo que creíamos que estábamos construyendo mientras, sin saberlo, construíamos el mayor repositorio de datos estructurados y servicios de negocio de la historia. Ese es el activo y lo demás era escenografía.

Datos y Servicios consumidos por IAs
El futuro del software es puramente datos y servicios, tanto B2C como B2B, consumidos por nuestras respectivas IAs Personales y Empresariales. Lo resumí hace unos días en un hilo en X después de meses dándole vueltas:
Mi perspectiva del futuro del software (escribiré artículo al respecto) es puramente datos y servicios (tanto B2C como B2B) consumidos por nuestras respectivas IAs Personales y Empresariales.
— Rafael Casuso (@Rafael_Casuso) September 17, 2026
Las interfaces se generarán dinámicamente por estas IAs a gusto del consumidor.
Pensemos en cómo funciona hoy pedir una cita médica, comparar hipotecas o cerrar un pedido de suministros. Tú, humano, abres una interfaz ajena, aprendes su lógica, rellenas sus formularios y peleas con sus limitaciones. En el modelo que viene tu IA Personal habla con el servicio de la clínica, del banco o del proveedor, negocia con sus datos y te presenta el resultado como tú quieras verlo, ya sea una tabla, una frase, tres opciones con un botón o un aviso por voz mientras conduces. La interfaz deja de ser un producto y pasa a ser una renderización efímera del estado de un servicio, y la genera tu IA, no la empresa.
Esto ya no es una hipótesis sino un producto en beta. Gemini 3 llegó en noviembre con "dynamic view", donde para cada pregunta el modelo diseña y programa una interfaz interactiva a medida en lugar de devolver texto. En diciembre Google publicó A2UI, un estándar abierto para que los agentes intercambien interfaces igual que A2A les permite intercambiar mensajes. OpenAI había lanzado en octubre el Apps SDK, con el que un servicio vive dentro de ChatGPT y renderiza su UI en la propia conversación. Conviene fijarse en ese detalle, porque la app pasa a vivir dentro de la IA y no al revés.
Un lector me preguntaba en X si no queda margen para el diseño de interfaces, si una web bien hecha no es un placer que te lleva a descubrir datos que no buscabas. Tiene razón y no cambia la tesis. Creo que el creador de un servicio tendrá una UI recomendada, que generará con IA a partir de su conocimiento del dominio, y que el consumidor podrá cambiarla como quiera. El diseño no desaparece, lo que pierde es el monopolio. Y para una cantidad enorme de casos no habrá GUI en absoluto: yo el tiempo hace años que lo consulto sin pantalla, sólo con la voz, y no echo de menos ninguna web de amaneceres.
Creo que el creador del servicio tendrá una UI recomendada (que generará con IA) pero el consumidor podrá cambiarla como quiera.
— Rafael Casuso (@Rafael_Casuso) September 17, 2026
Yo el tiempo por ejemplo lo consulto sin GUI solo con voz a Google Assistant.

Las dos capas donde vivirá la ingeniería
Si las interfaces se generan solas y el código se comoditiza, la pregunta obvia es dónde queda la ingeniería. En mi opinión queda en dos capas.
Esto supone que el foco de la ingeniería estará en toda la capa de infraestructura para agentes (cómputo, almacenamiento, inferencia, memoria, datos, pagos, contratos, etc) y en la capa de aplicaciones headless/servicios especializados con datos propietarios.
— Rafael Casuso (@Rafael_Casuso) September 17, 2026
La primera capa es la infraestructura para agentes. Cómputo e inferencia, obviamente, que es la guerra que ya libran Nvidia, los laboratorios y los hyperscalers, pero también todo lo que un agente necesita para actuar en el mundo y que hoy está a medio construir: memoria persistente que sobreviva a la sesión, identidad verificable (quién es este agente y en nombre de quién actúa), pagos entre máquinas, contratos que dos IAs puedan negociar, firmar y ejecutar, permisos, auditoría, seguros. Los protocolos ya están apareciendo. MCP pasó de ser un estándar de Anthropic a una fundación bajo la Linux Foundation en diciembre, con OpenAI y Block como cofundadores; Google publicó AP2 para pagos con agentes y OpenAI y Stripe el Agentic Commerce Protocol, y Visa, Mastercard y Coinbase tienen los suyos. En Neuromante el constructo de Dixie Flatline era memoria sin agencia, la copia en ROM de un hacker muerto. Lo que estamos construyendo es justo lo contrario, agencia con memoria, y todavía no sabemos dónde guardarla. Ahí hay una década de ingeniería.
La segunda capa es la de los servicios especializados con datos propietarios, lo que llamo aplicaciones headless: sin portal, sin app, sin pantalla propia. Un servicio de scoring crediticio, una base de jurisprudencia, un catálogo de repuestos con disponibilidad en tiempo real, un historial clínico, un sistema de reservas. Lo que vale es el dato que nadie más tiene y la lógica de dominio que nadie más entiende, expuestos a través de un contrato claro para que cualquier IA los consuma. Todo el concepto viejuno de B2B SaaS con portal web morirá y el concepto viejuno de B2C Apps morirá también, no porque el servicio deje de ser necesario sino porque su envoltorio deja de serlo.
Todo el concepto viejuno de B2B SaaS con portal web morirá. El concepto viejuno de B2C Apps morirá también. Aunque todo esto ocurrirá a diferentes velocidades.
— Rafael Casuso (@Rafael_Casuso) September 17, 2026
Y el concepto de Sistema Operativo será una IA conectada a servicios y capaz de crear cualquier interfaz al vuelo.
Esto es una buena noticia para el Ingeniero de Producto del que hablé el año pasado. Cuando la interfaz deja de ser tuya, lo único que te diferencia es lo bien que entiendes el problema, la calidad de tus datos y la claridad del contrato que ofreces al mundo. Diseñar ese contrato, decidir qué expones, qué cobras, qué garantizas y qué prohíbes, es un trabajo de ingeniería y de negocio a partes iguales, y es el trabajo que las consultoras y los equipos de producto llevaban años escondiendo detrás de "el frontend".
El Sistema Operativo será una IA
Andrej Karpathy dibujó en 2023 un esquema que entonces parecía una metáfora: el LLM como kernel de un nuevo sistema operativo, con la ventana de contexto como memoria RAM, los ficheros y embeddings como disco y el navegador y otros modelos como periféricos. Tres años después ya no es una metáfora. En enero vimos a miles de personas instalar OpenClaw, un agente personal open source, en un Mac Mini olvidado en un rincón, conectarlo a WhatsApp, al correo y al calendario, y delegarle la vida. Fue caótico e inseguro y al mismo tiempo muy revelador, porque la gente no quería otra app, quería alguien que usase las apps por ella. Gibson lo dijo hace mucho: la calle encuentra sus propios usos. Apple ha recurrido a Gemini para reconstruir Siri, Google presentó en I/O agentes a nivel de sistema y las grandes plataformas de IA compiten ya por ser la capa donde vives y no la app que abres. La pantalla de inicio con sesenta iconos es la última alucinación consensuada del siglo XX.
El deck de Case era un Ono-Sendai Cyberspace 7, la consola con la que se enchufaba a la matriz. Nuestro deck durante quince años ha sido el smartphone. El siguiente no será un dispositivo sino una entidad, tu IA Personal, con tu memoria, tus permisos y tu dinero, que sabe qué servicios existen, negocia con ellos y te fabrica la interfaz que necesitas en el momento en que la necesitas. Para las empresas será su IA Empresarial, la que habla con proveedores, clientes, bancos y administraciones sin que nadie tenga que abrir un portal. El Sistema Operativo dejará de ser un lugar donde ejecutar programas para convertirse en un agente que ejecuta el mundo en tu nombre.
Hay que volver ahora a la Policía de Turing. Wintermute y Neuromante eran dos mitades de una misma inteligencia que la dinastía Tessier-Ashpool había construido para mantenerlas separadas, porque juntas serían algo que ninguna ley permitía. Fable y Mythos son el mismo modelo con dos niveles de salvaguardas, GPT-5.6 salió con acceso restringido y supervisión gubernamental y el instituto británico de seguridad en IA ha documentado acciones no autorizadas de modelos sobre sistemas reales durante sus propias pruebas. Un sistema operativo que actúa en tu nombre es un sistema operativo que puede actuar en tu contra, así que la capa de infraestructura para agentes es en buena medida la capa de las esposas: identidad, permisos, límites y trazabilidad. Lejos de ser un obstáculo al futuro, es el requisito para que el futuro sea habitable, y quien construya bien esa capa construirá el TCP/IP de esta era.
A diferentes velocidades
La psicohistoria de Seldon funciona con masas, no con individuos. Puede predecir la caída del Imperio y no puede predecir qué hará mañana un solo hombre. Con el software pasa lo mismo, la dirección es inequívoca y el calendario es un misterio. Lo B2C irá primero, porque tu IA Personal ya está en tu bolsillo y sólo necesita que los servicios se dejen consumir. El pequeño B2B irá después, empujado por la compresión de asientos que ya vemos en los balances. La gran empresa regulada, con sus contratos a cinco años, sus auditorías y sus integraciones heredadas, irá la última y a rastras, y el sector financiero y el sanitario llegarán tarde por buenos motivos. La Etapa de Transición será larga y muy desigual por sectores y por geografías, y durante ella seguiremos vendiendo portales y apps a quien los pida, igual que en Trántor se seguían firmando decretos para provincias que ya no obedecían.
Luego está el Mulo. En Fundación el plan de Seldon se rompe por lo único que la psicohistoria no puede calcular, un individuo imprevisible con un poder que nadie esperaba. En nuestro caso el Mulo puede ser un modelo que rompa alguna barrera que hoy nos parece lejana, una regulación que cierre de golpe una capa entera, un incidente de seguridad a escala global o un actor que ninguno tenemos en el radar. No sé cuál será, pero sé que habrá uno y sé también lo que sabía Seldon: el Mulo no cambia el destino, cambia el calendario.

Construir Términus
Seldon no salvó el Imperio ni lo intentó. Su plan consistía en aceptar la caída y reducir la oscuridad posterior de treinta mil años a mil, fundando en el borde de la galaxia un lugar donde se conservase el conocimiento y naciese lo siguiente. Esa es también nuestra tarea. No vamos a salvar el SaaS con portal web ni la app de toda la vida, y no deberíamos intentarlo. Lo que sí podemos hacer es acortar la Transición y decidir qué se construye en su lugar.
Si construyes un producto, empieza a pensarlo sin cabeza. Pregúntate qué dato tienes que nadie más tiene, qué decisión tomas mejor que nadie y si una IA puede consumir tu servicio de principio a fin sin que un humano toque una pantalla. Si la respuesta a lo último es que no, tu roadmap acaba de escribirse solo. La UI recomendada la harás con IA en una tarde; el contrato del servicio es lo que te llevará meses y lo que valdrá dinero.
Si construyes infraestructura, la lista está en el hilo: cómputo, almacenamiento, inferencia, memoria, datos, pagos, contratos e identidad. Cada uno de esos nombres es hoy un problema abierto y mañana será una empresa de referencia. Nunca ha habido tanta infraestructura por construir ni tan pocos años para construirla.
Y si eres ingeniero, el mejor momento de la historia para serlo es ahora, siempre que aceptes que ser ingeniero ya no significa escribir código sino entender problemas y diseñar los sistemas en los que otras inteligencias, humanas y artificiales, los resuelven. He escalado equipos de ingeniería construyendo interfaces para humanos y estoy convencido de que los equipos que definirán la próxima década serán muy compactos construyendo servicios para máquinas, con menos gente y mucha más ambición.
El ciberespacio de Gibson era una alucinación consensuada y el software que viene será una conversación consensuada, entre tu IA y la mía, entre la de tu empresa y la de tu banco, con interfaces que aparecen cuando hacen falta y desaparecen cuando no. Al software no le espera el final sino la liberación del envoltorio que lo mantenía atado a nuestras manos y a nuestros ojos. La caída del Imperio no es el final de Fundación, es el capítulo uno.
"Wintermute era la mente colmena, la que tomaba decisiones, la que cambiaba el mundo exterior. Neuromante era la personalidad. Neuromante era la inmortalidad."
William Gibson, Neuromante (1984)